Llevaba unas horas dando vueltas en la cama -desde las 12, más o menos- pensando en las cosas que nunca te dije y creyendo que nunca te las diría. Así que puse mis pies descalzos en el cálido suelo de parquet, cogí un cenicero de la cocina, me recoste en el cheslong y aproveché una de las muchas noches en vela -de esas en las huelo a incienso y sueño con charcos de cocacola light- para matar los demonios de mis entrañas frente a la pantalla de un viejo PC.
...porque las cosas que nunca te dije, a partir de hoy te las diré...
jueves, 30 de abril de 2009
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